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¡Bienvenidos una semana más al blog queridos lectores! Hoy nos encontramos ante una de las grandes sorpresas del año, o bueno eso con respecto a mi parecer, hacía mucho tiempo que no veía una película tan dura y cruda de asimilar, no por las escenas violentas que presenta sino por la horrible realidad nuestra que adapta, dando por sentado sin duda alguna una de las mejores películas bélicas de los últimos años.

Como muchos sabrán, Beasts of no Nation representa el primer gran paso que da la plataforma Netflix hacia el desarrollo de una nueva forma e idea de plantear el cine, siendo esta la primera película producida bajo la tutela de Netflix, con obviamente un estreno limitado solamente a quienes cuentan con el servicio y con un restringido estreno en salas de cine, lo cual como veremos supone un aire de frescura y permite como ya se había visto en las fantásticas series de Daredevil o en la actual Jessica Jones dirigirse hacia un público más adulto sin el temor por la auto censura a la que sin duda dicha película se vería restringida en busca de un estreno más comercial (algo de lo que por ejemplo hablamos en el anterior post dedicado a la última entrega de los juegos del hambre) y por lo tanto una situación que no se presenta en este caso.

Una dirección casi hipnótica.

Comencemos pues ya sin introducciones y metiéndonos de lleno en la reseña con la historia de Beasts of no Nation y las cualidades tanto técnicas como artísticas que ostenta, como bien se puede diferir de estos primeros párrafos, me encuentro muy entusiasmado con esta película por lo tanto decidí dejar fuera las típicas preguntas de planteamiento en la introducción y mejor comenzar a hablar, lo primero que me encandilo de Beasts of no Nation y que es algo a lo que últimamente presto más atención es su dirección y su construcción de planos, el trabajo del director Cary Joji Fukunaga es simplemente excelso, con un control y un pulso sobre la planificación de planos que deja sin aliento, colocando la cámara en una posición privilegiada dependiendo de la escena que se quiera transmitir.

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Para explicar algunos ejemplos primero es necesario conocer aunque sea un poco ¿De qué va la historia? Beasts of no Nation plantea la vida de un niño de nombre Agu, que en una de esas vueltas tan crueles que de repente da la vida, se ve envuelto en un conflicto bélico del que para sobrevivir tendrá que verse forzado a su inclusión dentro de un grupo de mercenarios, con esa pequeña introducción se puede definir la historia principal y desde estos momentos te puedo extender a ti querido lector que una historia tan sencilla permite una de las evoluciones más realistas y terribles que he tenido la oportunidad de ver en el último año de cine, pero ya llegaremos a esto más adelante.

Conociendo un poco la historia puedo dar por sentado algunos ejemplos del trabajo tras las cámaras, puesto que como indicaba el plano a observar siempre se da en un  punto de vista que permita transmitir las sensaciones del personaje principal en este caso Agu, un ejemplo vendría a ser la escena de su persecución inicial y donde termina sólo, la cámara corre junto Agu, siendo uno como espectador incapaz de observar a sus atacantes o tan siquiera ser capaces de discernir qué diablos sucede alrededor, obviamente esto busca trasladar la confusión y desesperación que sería el vivir una situación así, otro ejemplo que me viene ahorita es la terrible insinuación de ciertos momentos violentos mediante planos fuera de cámara, la película es violenta, tiene ciertos momentos bastante gráficos pero las escenas más duras siempre suceden fuera de cámara, por ejemplo el terrible momento de la por decirlo así “iniciación” de Agu, en donde su valía es puesta a prueba y a uno como espectador sólo le queda asistir con los ojos abiertos como platos hacia la valentía de lo propuesto por su director.

De igual forma elogiar dos planos secuencia maravillosos por su realización, uno a la mitad de la película que viene a suponer uno de los momentos más crudos de la película, donde somos testigos de hasta qué grado de des humanización se puede llegar a alcanzar y lo peor de todo es que se ve expuesto a través de las acciones de una multitud de niños, y el segundo sucede casi al final de la película, dos escenas que muestran la calidad de dirección de Fukunaga y que demuestran que el hecho de que la película no se encuentre limitada por el estreno en cines le permitió realizar las secuencias a su antojo y desde su punto de vista, también comentar el bellísimo trabajo de fotografía, sobre todo en las escenas que se suceden en la selva y una Bso que si bien no destaca en demasiado, acompaña a los momentos más personales de buena forma, después de todo las escenas más importantes por lo regular se verán acompañadas de una voz en off que funciona como narrador y de lo que hablaremos un poco más adelante.

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La impresionante evolución de Agu.

Como muchos sabrán el tema de que una película se encuentre protagonizada por un niño siempre dará un poco de temor al acercarse a ella, y esta razón muchas veces no se le debe de cargar de manera absoluta al niño protagonista, puesto que son actores que apenas van abriéndose paso en este mundo del cine y en cambio sí a la habilidad del director para sacar lo mejor de ellos, me viene por ejemplo a la mente Steven Spielberg, fantástico director de niños.

Bueno pues cual fue mi sorpresa al encontrarme con una de las mejores interpretaciones del año y la sorpresa es mayor porque viene por parte del niño protagonista, el debutante Abraham Attah, decir que en tu debut cinematográfico y a tan corta edad logras una actuación de tal calibre es para elogiar al joven actor, con un personaje que como el subtítulo lo dice sufre una de las evoluciones más completas y descarnadas de los últimos años. La historia que nos plantea Fukunaga, como ya lo comentaba nos introduce en las peores atrocidades y perversiones de la guerra, sin embargo, el director busca ahondar un poco más profundo y mostrar principalmente el cambio interno que le ocasiona a una persona que se ve envuelta en tales barbaridades.

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A través de los ojos de Agu somos testigos de las peores acciones de las que el ser humano pueda llegar a ser capaz, pero peor aún es el hecho de ver como el propio protagonista se ve sometido a tal des humanización y es capaz a tan corta edad de comportarse como una total bestia, un completo monstruo sin sentimientos, es por eso que la interpretación de Attah es sumamente compleja e impresionante, por que pasa de ser un niño normal y completamente ajeno a estas situaciones, feliz viviendo con su familia y con cierto aire de travieso e híper activo, para de un segundo a otro ver como los conflictos bélicos ajenos a él lo despojan de todo lo que tiene, es aquí cuando en un intento por salvar su vida se ve enlistado por el grupo mercenario que mencionaba más arriba y de esta manera comienza el declive y surgimiento de su “alma” en la completa oscuridad.

El retrato que ofrece Agu es demoledor, a través de la voz en off del propio actor, el cual narra los momentos más importantes y violentos de su personaje nos hace participes de sus sentimientos internos, de lo que tanto añora y busca, aunque también es cierto que a través de la perdida de vida en sus ojos nos damos cuenta de este cambio, es aquí cuando se agradece por completo que la película fuera estrenada en la plataforma de Netflix, puesto que imaginar una aceptación por parte de la sociedad sobre esta cruel realidad es bastante difícil, el hecho de estrenarse en Netflix permite tratar estos temas tan adultos pero a la vez tan humanos y necesarios, ver a Agu consumiendo cocaína o asesinando ya sin el más mínimo atisbo de humanidad o piedad es simplemente demoledor.

Y es ahí cuando como espectadores nos damos cuenta de los daños que provocan los problemas bélicos, los cuales a su vez solamente fungen como medio para hacer más ricos a sus responsables, quienes como auténticos cobardes siempre se encuentran escondidos detrás de sus grandes lujos, mientras que los soldados ajenos a estos intereses y peor aún los civiles inocentes llevan consigo la peor parte. En el caso de Agu, él es consciente del cambio en su interior “Soy un monstruo” “Si le contará lo que he hecho usted me tendría miedo” ¿Podré volver a ser un niño normal después de todo esto? Son frases y reflexiones demoledoras dichas por Agu en un monólogo impresionante casi al final de la película, un momento en donde el actor se encuentra pletórico y se come la pantalla en un plano sostenido donde el auténtico anfitrión es él hablando con nosotros los espectadores, me quedo sin palabras simplemente para indicar la brillantez de dicha escena, a su vez lo profundo que son sus diálogos en dicho momento que hace que a uno se le hiele la sangre al pensar en que lo peor de todo es que muchas veces la realidad supera a la ficción.

El monstruo que devora las almas más pequeñas y débiles.

Si bien Agu es el auténtico protagonista ya que toda la historia gira alrededor de su evolución, existe otro personaje que destaca sobre el resto y otro actor que se come la pantalla cada vez que sale,  hablo del famoso y carismático Idris Elba, actor británico que la mayoría lo recordará por series como “The Wire” o en Blockbusters como “Thor” “Pacific Rim” o “Prometheus” estas últimas tres desaprovechando el talento de tan inmenso actor, que pone dicho talento y habilidad a la orden del personaje más difícil con el que sin duda alguna se ha topado a día de hoy, un villano temible y un monstruo sin piedad.

Pero no es un villano típico el que Idris Elba compone sino que es más complejo que esto, de hecho sino mal recuerdo no se sabe el nombre del personaje durante toda la película, en lugar de eso todos los demás se refieren a él como “Comandante”, un personaje que al inicio inspira respeto y cierta simpatía a pesar de su “ideología” para formar soldados, se vende a sí mismo como todo un libertador, sin embargo, conforme lo vamos conociendo vemos la oscuridad y mente enfermiza que de él emana, un completo manipulador que no duda en usar a niños bajo la falsa excusa de la venganza para reclutarlos en su ejército, a sí mismo este monstruo es capaz de llegar más lejos generando hasta cierta repulsión principalmente en una escena que aquellos que se acerquen a la película o que ya la hayan visto sabrán precisamente de que hablo.

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A pesar de todos los valores positivos que he comentado sobre la película, ésta cuenta con un significativo error y ese es el segmento final, unos últimos 20 minutos que se hacen demasiado largos y con ciertos errores de montaje y saltos temporales que arruinan un poco la experiencia hasta el momento, sobre todo lo correspondiente al final que se le da al personaje de Idris Elba, a su vez es precisamente este segmento el que cuenta con el monólogo de Agu que comentaba anteriormente y ese magnífico diálogo salva un poco estos últimos minutos, a su vez, el final aunque de manera indirecta deja ver un poco de esperanza después de tanta oscuridad.

Beast of no Nation es una película bastante cruda, sobre todo por el hecho de utilizar a los niños dentro del conflicto bélico, pero no como víctimas sino todo lo contrario, algo que pocas veces había visto, es un retrato real y sin espejismos sobre los daños tanto físicos como emocionales que provoca la guerra y tan sólo por el hecho de no vender falsas ideas sino que da una bofetada de realidad al espectador vale mucho la pena, una dirección de maestría por parte de Fukunaga y dos tremendas interpretaciones que serán muy recordadas por lo menos por mi parte le merecen el suficiente entusiasmo por parte de servidor como para convertirse en una película obligada a futuros re visionados y sin duda una historia que recomendaría a casi todo el mundo, obviamente dejando fuera a las personas sensibles con estos temas, para el resto sólo queda recomendarles una de las mejores películas bélicas de los últimos años.

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